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Laura Fonzo: cuarenta años de trayectoria en el sonido

Laura Fonzo posee una vasta carrera como técnica de grabación y mezcla. En los ‘70, siendo una adolescente, partió de su Bariloche natal hacia Buenos Aires empujada por las ganas de aprender, y nunca más paró. Ha participado en innumerables producciones grabando música clásica, tango, folklore y música para cine, con figuras como Mercedes Sosa, Horacio Guaraní y Joan Manuel Serrat. En esta charla con RMS comparte su experiencia.


RMS- ¿Cómo arrancaste?

LF- Caí un día a un estudio que ya no existe. Audión, se llamaba. Dije: “Hola, quiero saber qué es esto, cómo se graba”. Me atendieron bárbaro, me hicieron pasar al control, y ahí me morí. Me dije: “Esto es lo que yo quiero hacer”. Terminé el colegio secundario en febrero o marzo de 1978 y me vine con mis pertenencias. Me metí en el estudio a aprender, a tirar cables... De 9 de la mañana a 12 de la noche. Con la cabeza embarullada, no entendía nada de nada. Entre otras cosas, tuve que aprender a escuchar. No sabía qué era estéreo, qué era grave o agudo... nada. Así empecé y seguí aprendiendo. Trabajando gratis, nadie me pagaba. Y golpeando puertas. Me bancaban mis padres, como a cualquier adolescente que se muda para seguir una carrera. El primer año viví con la abuela de un cuñado, después me prestaron un departamento, y al segundo año ya vivía sola. La verdad es que los dueños de los estudios me recibieron muy bien.


RMS- ¿Y después de Audión?

LF- Estuve un año en Audión donde hubo un problema societario. Un día los técnicos me dijeron “Nos mudamos todos al estudio de Nono Pugliese, ¿querés venir con nosotros?”. Yo estaba sola, no sabía para dónde arrancar. Así que ahí pasé a lo de Nono. No estuve mucho tiempo; hay estudios en los que no te dan mucha cabida para que te sientes y aprendas. Entonces fui a golpear la puerta a Ion. Me dijeron que ya tenían un asistente a la mañana y otro a la tarde, pero al final, me dejaron trabajar. Estuve un par de años ahí. Recuerdo en particular que estuve todo un año en la sala de masters cortando matrices. Eso me abrió mucho la cabeza. Había que “masterizar” lo grabado para poder ponerlo en una matriz. Ahí nace el masterizado, viene del corte del acetato matriz. Yo pensaba: “Si se tienen que toquetear tanto la cinta para hacer el disco, ¿qué es lo que tengo que hacer en la mezcla para evitarlo?”. Hace 40 años que estoy en esta industria y jamás se masterizó una mezcla que yo hubiera hecho. Sale del estudio así, tal cual lo mezclé. Para mí, el masterizado sólo se justifica para restaurar alguna grabación vieja. O si grabaste en el galpón de tu casa y mezclaste con lo que pudiste. De ahí pasé a otro estudio, que no quiero mencionar. Me echaron. porque no quise transar con el dueño. El tipo se me tiró físicamente encima y le dije ¡no!. Me dijo: “Vos vas a hacer lo que yo quiera”. Hice un juicio que gané. Casi todos los músicos, y todos los técnicos, eran varones. Había unas pocas mujeres que cantaban coros en jingles, pero el resto eran hombres. Algunos músicos me veían mujer y ni dejaban que tocara el pie de un micrófono. Cuando empecé, era una época jodida en toda Latinoamérica, la dictadura... Y yo, siendo del interior, no había vivido mucho de eso. Y acá en la Capital, las cosas eran peores.


RMS- ¿Alguna vez te dio inseguridad ser la única mujer trabajando en ese ámbito?

LF- No, ni se me ocurrió. Era lo que yo quería hacer, y no me importaba nada si algún músico rechazaba a las mujeres. Durante 3 o 4 años fui solo asistente, no me sentaba a la consola cuando faltaba el técnico. Más adelante me daban los turnos que nadie quería, sábado y domingo, cuando los técnicos estaban tapados de laburo. Entonces los tomaba yo. Una vez, cuando trabajaba en Moebio, con Carlos Píriz, el dueño de un estudio lo llamó desesperado porque su técnico había renunciado y necesitaba urgente quien lo reemplazara. Píriz me recomendó, y el tipo le dijo: “Si es mujer, no”. Ni siquiera me probó. Me molestó mucho, pero me dije: “él se lo pierde”. Si uno está capacitado, le puede pelear el puesto a cualquiera. Mujer, hombre, trans o lo que sea; tenés que tener conocimiento, capacitarte y darle para adelante. Es muy difícil para cualquiera entrar a trabajar en un estudio profesional, especialmente hoy en día que hay tanta competencia. En parte. tenés que tener suerte. Hay que estar ahí, viendo cómo trabajan a tu alrededor, y en algún momento se te va a dar. Es un círculo vicioso: si querés aprender te tenés que sentar en la consola, pero para sentarte en la consola te piden que tengas experiencia. Para ganar experiencia, cuando trabajaba de asistente, me ponía en las horas libres a mezclar las cintas que otros grababan. Me lo llevaba a mi casa, lo escuchaba de nuevo, lo corregía. Una y otra vez. Lo que sí noté, es que tal vez el hecho de ser mujer hace que no te puedas dar el lujo de cometer errores. Si un flaco sin querer borraba una cinta, tal vez se lo dejaba pasar; pero si lo hubiera hecho yo se habría dicho: “Claro, es una mina”.


RMS- ¿Qué es lo que mayor satisfacción espiritual te da?

LF- Me da paz cuando se valora tu trabajo y alguien te busca porque le gustó mucho lo que hiciste. Una vez, el estudio grabó en vivo un concierto de Serrat e hice la postproducción de sonido para televisión. Serrat quedó fascinado y tiempo después, desde España, reservó una sesión para grabar un bandoneón. Viajó y estuvo a mi lado guiando la grabación. Ese tipo de cosas… que te reconozcan por hacer bien tu trabajo es lo que te llena. Después no importa si es Serrat, Mercedes Sosa… O cualquiera que vino de su casa a tocar la guitarra. Lo grabo como que fuera el mejor del mundo, porque para esa persona su grabación es lo más importante. Lo que yo haga tiene que ser, siempre, impecable.


RMS- Como profesional de la grabación, ¿qué formación complementaria te resultó útil en el desarrollo de tu carrera?

LF- Yo tuve suerte. En Audión tuve charlas técnicas y horas y horas practicando. No tuve necesidad de ir a buscar otros horizontes, fui directo a trabajar. Y empecé a conocer el palo también... dónde sí y dónde no. Lamentablemente hay pocos lugares que sean así, uno tiene que leer, estudiar y practicar por su cuenta. No tomar los datos que te dan como cosa cierta sino experimentar y ver. Hay mucho mito en el supuesto medio técnico. Acá y en todas partes del mundo.


RMS- ¿Hubo algún momento en el que te arrepintieras de haber elegido esta profesión?

LF- No, jamás. Mi padre me había dicho que si necesitaba volver a Bariloche la casa estaría siempre abierta. Yo tenía 18 años, estaba saliendo sola a la jungla. Pero me fui y nunca más miré atrás. Esto es una pasión, algo en lo que no podés laburar si no te comprometés. A veces tenés que grabar cosas que no te gustan. Pero tenés que afrontarlo como si fuese lo último que harías en tu vida.


Entrevista por Natalia Perelman. Editada por Guadalupe Galeano y Bibiana Morán.

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